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Reflexiones

Escuché el testimonio de un pastor que fue a Nepal y fue apresado en ese lugar. Él cuenta que cuando estaba en prisión lo golpeaban, y por cada golpe que recibía les decía: “Por cada golpe que me dan crece más el cristianismo en este país.”  Recordé también la información que nos dio nuestro pastor de cómo estaba creciendo el cristianismo en China, Africa, etc.  En todos esos lugares es impresionante la pasión con la que defienden al cristianismo los pastores, misioneros, evangelistas y nuevos creyentes, incluso, no les importa morir por causa de Cristo.  En Nepal si encuentran a alguien bautizándose le dan tres años de prisión y al que bautiza, siete años.

Y nosotros, los que vivimos en este país, que sólo buscamos comodidades y vanidad, tratando de comprar la casa más grande, el mejor carro y la ropa que está de moda... Al oír este testimonio me sentí avergonzada, porque vivimos en un lugar privilegiado en el que no nos falta nada y en el que no se nos persigue, y aún así nos quejamos de cosas insignificantes.

¿Qué pensará Dios de nuestro cristianismo, comparado con el de todos ellos? ¿Qué atesoramos más, nuestra salvación o nuestras posesiones?

“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde los ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” 
Mateo 6:19-21

Lulú Werge